FUN. el concierto…

FUN tocó en Barcelona el pasado fin de semana. Es muy agradable visitar la ciudad condal por primera vez y con motivo de un concierto. Barcelona me recibió con un cielo plomizo, pero fue muy benévola si tenemos en cuenta que amenazaba con descargar algo así como un diluvio. De hecho, el domingo hizo una excepción y nos dejó visitar el Parque Güell con algunos rayos de sol.

La pena es que varios intentos por visitar la Sagrada Familia fueron frustrados (por cierto, si vas, saca las entradas por internet porque las colas son horrorosas) y la Casa Batlló me habría encantado verla, pero había que elegir en tan poco tiempo y le tocó a la Casa Milà (o La Pedrera). Fue una visita interesante, los patios distribuyendo la luz en toda la vivienda, el piso recreando la vida de la burguesía catalana de principios del siglo XX y el  centro de interpretación de Gaudí que se ha creado en esa suerte de desván que hay justo debajo de la terraza del edificio (en el que se pueden descubrir increíbles influencias de la naturaleza en el arquitecto catalán). La pega: es a todas luces excesivamente cara. La visita no merece los 16.5 euros que pagué por ella, ni de lejos.


A lo que íbamos: Fun. y la primera en la frente. No sabíamos por qué la media de edad era tan “teenager” y lo descubrimos un rato más tarde contemplando la actitud del cantante ante su entregada audiencia y supe más tarde que habían sido radiados hasta la saciedad en los 40. Los teloneros, Walk the moon, abrieron boca y lo hicieron preparando el terreno para los anfitriones. Entretuvieron al personal (que parecía conocerlos muy bien) y he de decir que a mí me gustaron, es un grupo al que voy a escuchar, cosa que ya cumple sus expectativas, ¿no?

Fun. empezó con Carry on, sabiendo cómo modular un comienzo discreto e ir in crescendo hasta hacer detonar la sala. Así se aseguraron seguir a esa altura y hacer que canciones como It Gets Better, Why Am I The One, intercalando la muy coreada All Alone hasta llegar a piezas como All Alright. Canciones destacadas de su segundo trabajo se entremezclaron con las de su primer álbum (Aim and ignite) como  las especialmente llamativas All the pretty girls o At least I´m not as sad para la que contó con la colaboración y entrega del público. Destacó también Take your time (coming home) que dedicó a sus padres. Todo componía un concierto que la gente estaba disfrutando.

Sin duda estuvieron menos simpáticos que sus teloneros, algo que su líder explicó diciendo que no hablaba bien español, a pesar de haber nacido y haberse criado en un estado como Arizona donde era frecuente hablar algo de español. Justificó que, dado que era tan malo en el instituto, su única vía de escape fue formar una banda.

En su actuación, recursos como sacar la lengua hasta casi rozar la punta del mentón, incitar al público para que se acerque de una manera muy flirteante y fomentar ese aura de niño malo fueron recursos efectivos hasta que te das cuenta de que cae en el abuso y se vuelve cansino. Sin embargo, se lo perdonamos por el hecho de que exhibió un vozarrón absolutamente imponente desde el minuto uno y sin desinflarse durante los setenta minutos que duró su actuación. Además, el grupo reproducía las canciones del disco de una manera fidelísima, cosa que a mí particularmente me gusta, pero entiendo el descontento de la gente que esperara algo más de espontaneidad. La traca llegó obviamente con “We are young” para la que estuvo acompañado en todo momento por el público que abarrotaba la Sala Bikini. Entiendo que el hecho de que toda la audiencia supla la falta de Janelle Monae debe de ser muy emocionante. Ahí cortaron y, pasados cinco minutos, volvieron a salir. El bis que ofrecieron comenzó con mi favorita: Some nights, que fue recibida con euforia por parte del público y cerró con Stars, buena canción de despedida que resultó menos pesada que en el disco con el uso taladrante del vocoder. En directo lo usó, pero con más de criterio.

Terminó. A la salida descubrí que Barcelona había aplazado la lluvia hasta después del concierto. Lloviznaba y el bus nos llevó a Plaça de Catalunya y de allí a un McDonalds y de allí al metro y una actuación infructuosa de un carterista… De allí a Diagonal y de allí al Barrio de Gracia, donde en pleno sábado resultaba imposible conciliar el sueño. Conseguí dormir un poco y recordar la parte del concierto que había esbozado una sonrisa en mí, a pesar de haberme quedado arrinconado al fondo por adolescentes enfervorecidos y haber pasado medio concierto tratando de esquivar a un chaval de 1.90 metros de altura justo delante de mi cara.

Fotos cortesía y el buen hacer de Electricdreamss, ¡Gracias Jèssica!

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Acerca de dameestrellasolimones

Una canción de Family siempre es buena compañía.
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