El Zoo: segundas oportunidades.

Asistir a un cumpleaños infantil puede resultar tedioso para un adulto, pero hay ocasiones en las que también puede ser algo lúdico y divertido para niños y adultos. Gratamente sorprendido porque el cumpleaños al que he asistido se ha celebrado en el Zoo de Castellar de la Frontera.

En primer lugar, cuando vamos a un Zoo lo hacemos con una idea preconcebida e incluso con grandes expectativas porque espera ver animales impresionantes, raros, peligrosos, etc… En este caso estas expectativas se ven frustradas cuando descubres la verdadera naturaleza de este Zoo y su finalidad. Frustradas porque el cometido principal no es la exhibición de animales, sino la recuperación de los mismos. Es decir, un zoo muestra animales en contextos que tratan de emular su hábitat natural, cosa que el “Zoo” de Castellar consigue (y más lo conseguirá en el futuro ya que están preparando nuevas instalaciones para mejorar la propuesta), pero lo más loable y que supone una inyección de ánimo es descubrir que la palabra rescate no sólo tiene feas connotaciones económicas (que padecemos últimamente), sino que se dedican a algo esencial en la vida: recuperar en contra de desahuciar. El Zoo de Castellar de la Frontera consigue dar una segunda oportunidad a aquellos animales que llegan en pésimas condiciones porque han sido decomisados en la aduana o rescatados de algún caprichoso millonario que gracias a su ignorancia y falta de escrúpulos le daba una vida absolutamente indigna.

Fue así como conocí a Tronca, la tigresa del zoo. Llegó en condiciones horribles después de haber permanecido hacinada en una jaula de tres metros cuadrados (para un animal de doscientos kilos eso es tan cruel como para una persona cualquier zulo) y, además, estaba encadenada por una pata que la conseguía inmovilizar todavía más. Lo peor fueron las consecuencias. Tronca acabó por provocarse una herida que se infectó y ulceró, llegando a comenzar su cicatrización con la cadena puesta. Tras su llegada al Centro de Rescate de Castellar y varias operaciones en un año, lograron evitar la amputación, aunque la cojera permanezca como algo crónico. Esto poco importa a estas alturas, pues ha conseguido criar y tener descendencia con Rajín, que llegó procedente de un circo (porque la tigresa del circo había tenido varios cachorros, uno de ellos Rajín, y no se podían hacer cargo de todos). Él corrió mejor suerte.

Un caso parecido fue el de un león que interceptaron en un contenedor del puerto de Algeciras. Nadie sabe lo que ese animal ha podido sufrir y sólo mirarlo provoca una tristeza desoladora, más aún al saber que cuando llegó no tenía pelo (previsiblemente consecuencia del estrés y malos tratos sufridos). Unos meses después podemos interpretar como un paso adelante el hecho de que el animal haya recuperado el pelo y mire al exterior de la jaula con ojos tristes y recelosos, aunque con un atisbo de curiosidad esperanzadora.

La visita incluye dar comida a un Ñandú, un tipo de avestruz pequeña muy dócil, y la observación de aves como águilas y búhos enormes. También puedes ver avestruces grandes desde la barrera o una garza japonesa. Es la primera vez que veo un cisne negro (en un estanque negro también) y que niños y adultos podemos alimentar y notar cómo un osito de la miel (Kinkajou) es capaz de trepar por nuestros brazos para conseguir su recompensa (una bolita de comida que el cuidador nos ponía en la palma de la mano).

La visita incluía contemplar a un ocelote de una belleza espectacular (equiparable, según dicen, a su mal carácter), la observación tras una mampara de una hiena que buscaba cariño o carne (no sabemos muy bien qué), así como un par de linces ibéricos que exhibían su agilidad con esos esbeltos cuerpos.  Lo más entrañable fue alimentar a un grupo de lémures en su propia jaula, actividad instructiva y disciplinada para los niños, pues el grupo supo mantenerse callado y aplicado en la tarea que el guía-cuidador nos encomendó.

Lo que comenzó como unas expectativas frustradas (la espectacularidad de lo que uno espera ver: elefantes, jirafas, leones, etc…) se convierte en algo admirable y difícil de olvidar. Muchos niños celebrarán sus cumpleaños en centros comerciales o bares, aunque quizás esta iniciativa debería ser considerada como un elemento educativo, instructivo y socializador a la par que humanizador. Una oportunidad de salir del mundo animal que Disney extiende para dejarse atrapar por algo más real; una oportunidad de apoyar iniciativas loables y que nos hagan ser animales más solidarios, mejores personas.

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Acerca de dameestrellasolimones

Una canción de Family siempre es buena compañía.
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2 respuestas a El Zoo: segundas oportunidades.

  1. adgrimaldi dijo:

    Estupendo post. Yo tuve la oportunidad de visitar el Zoo de Castellar hace poco y acabé encantado, con ganas de repetir otro día. No lo conocía hasta entonces y animo a la gente a que pasen un día en estas instalaciones. En nuestro post también hablamos del zoo pero nos centramos más en el aspecto fotográfico, por si quieres echarle un vistazo: http://capturaviaje.com/category/castellar-de-la-frontera/castellar-pueblo-nuevo/

    Saludos.

  2. genial, una de las grandes cosas que se pueden ver en Castellar de la frontera

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